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Casos · 2 de julio de 2026 · 3 min de lectura

Risaralda: la pérdida silenciosa de carbono que creció 66% en un mes

La auditoría de impacto de BioAurea revela que Risaralda pasó de perder 29.65 a 49.31 toneladas de carbono por hectárea en su ventana de 20 años. Mistrató y Pueblo Rico concentran el daño más grave.

EB
Equipo BioAurea · Editorial ambiental

Un salto que exige explicación

Entre junio y julio de 2026, la pérdida promedio de carbono atribuible en Risaralda pasó de 29.65 a 49.31 toneladas por hectárea en la ventana de análisis de 20 años. Es un incremento del 66% que posiciona a este departamento cafetero como el de mayor deterioro histórico de reservas de carbono en todo el territorio colombiano.

La auditoría de impacto compara cuánto carbono almacena cada territorio hoy contra lo que almacenaba hace dos décadas. Un resultado negativo indica que el territorio ha perdido capacidad de captura y almacenamiento de carbono, lo que equivale a emisiones adicionales de gases de efecto invernadero, es decir, los gases que calientan el planeta.

Mistrató y Pueblo Rico: los epicentros

Mistrató, un municipio de 61 veredas en la vertiente pacífica de Risaralda, registra la mayor pérdida municipal del país: 80.3 toneladas de carbono por hectárea. Pueblo Rico, su vecino con 77 veredas, perdió 74.8 toneladas. Juntos, estos dos municipios representan 138 veredas donde el paisaje forestal ha cambiado radicalmente en dos décadas.

Guática, también en Risaralda, perdió 68.4 toneladas por hectárea. Dosquebradas, en el área metropolitana de Pereira, perdió 54.6 toneladas. El patrón es claro: la pérdida no se limita a la zona rural remota. La expansión urbana y periurbana también contribuye.

El corredor de pérdida se extiende al Valle del Cauca

Risaralda no está sola. Valle del Cauca perdió en promedio 15.0 toneladas de carbono por hectárea en 20 años. A nivel municipal, Versalles perdió 72.8 toneladas, Toro perdió 67.4 y Argelia 59.3. Marmato, en Caldas pero en la misma vertiente geográfica, perdió 79.8 toneladas, cifra que lo coloca como el segundo municipio con mayor pérdida del país.

Este corredor de pérdida histórica coincide geográficamente con el corredor de degradación activa del carbono en vegetación que reporta el flujo de carbono mensual. Las mismas zonas que perdieron carbono en las últimas dos décadas continúan perdiéndolo hoy.

El contraste: donde el carbono creció

No todo el panorama es negativo. Vaupés ganó en promedio 55.4 toneladas de carbono por hectárea en 20 años. Bogotá ganó 45.2 toneladas, un dato que refleja la recuperación de los cerros orientales y las zonas rurales del distrito capital. Nariño ganó 38.4 toneladas, lo que sugiere que los programas de conservación en la zona andina del departamento han tenido efecto medible.

Envigado, en el área metropolitana de Medellín, registra la mayor ganancia municipal del país con 81.7 toneladas de carbono por hectárea ganadas en 20 años. Mosquera (Cundinamarca) ganó 81.0 toneladas. Estos casos demuestran que la regeneración forestal es posible incluso cerca de grandes centros urbanos.

El peso nacional

El total nacional de carbono perdido asciende a 0.216 millones de toneladas, cifra que subió desde 0.155 millones el mes anterior. Este incremento refleja tanto la profundización de la pérdida en el corredor Pacífico como ajustes en el análisis temporal que capturan degradación previamente no registrada.

¿Qué significa para las comunidades?

Para las comunidades de Mistrató y Pueblo Rico, la pérdida de carbono forestal no es una abstracción. Significa menos árboles que regulen el agua, suelos más expuestos a la erosión, menor capacidad de los cultivos de café para resistir sequías, y un territorio que cada año absorbe menos del dióxido de carbono que calienta el planeta.

La pérdida de 80 toneladas de carbono por hectárea equivale a liberar aproximadamente 293 toneladas de dióxido de carbono por hectárea a la atmósfera a lo largo de dos décadas. Multiplicado por las miles de hectáreas afectadas, el impacto climático es sustancial.

Lo que se necesita

El seguimiento de agosto deberá confirmar si el salto de 29.65 a 49.31 toneladas de pérdida promedio en Risaralda responde a una tendencia real consolidada o a un ajuste en la incorporación de datos históricos. En cualquier caso, la magnitud de la pérdida en Mistrató, Pueblo Rico y Guática demanda atención inmediata de las autoridades ambientales regionales.

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