El corredor Pacífico pierde carbono forestal a ritmo récord
Chocó, Valle del Cauca y Risaralda forman un eje de degradación del carbono almacenado en árboles que no tiene equivalente en el resto de Colombia. Los datos de julio confirman que la tendencia se acelera.
Tres departamentos, una misma historia de pérdida
El Pacífico colombiano está perdiendo el carbono almacenado en sus bosques más rápido que cualquier otra región del país. Los datos de julio de 2026 confirman un patrón que ya se insinuaba el mes anterior: Chocó, Valle del Cauca y Risaralda forman un corredor de degradación forestal que concentra las mayores tasas de pérdida de carbono en vegetación de Colombia.
Chocó lidera la lista con una pérdida promedio de 2.53 toneladas de carbono por hectárea al año, medida como la tendencia de los últimos cinco años del carbono almacenado en árboles y vegetación. En junio, esa cifra era de 2.47 toneladas. El deterioro se acelera. De las 1 625 veredas del departamento, 835 están clasificadas en estado de degradación o en estado crítico. Solo 488 acumulan carbono.
Valle del Cauca ocupa el segundo lugar con una pérdida de 2.13 toneladas de carbono por hectárea al año. De sus 873 veredas, 296 están en degradación. Risaralda, con 578 veredas, pierde 1.06 toneladas por hectárea al año y tiene 137 veredas en deterioro.
Los municipios más golpeados
A nivel municipal, la situación es más dramática. Sipí, un pequeño municipio del Chocó con solo 2 veredas, pierde 18.3 toneladas de carbono por hectárea al año, la peor tasa de todo el país. Timbiquí (Cauca), en la misma franja costera del Pacífico, pierde 14.1 toneladas. Buenaventura, el principal puerto del país sobre el Pacífico, pierde 13.2 toneladas por hectárea al año, con sus 21 veredas en degradación total: ninguna acumula carbono.
Bahía Solano, en el norte del Chocó, pierde 9.7 toneladas por hectárea al año. De sus 55 veredas, 53 están en degradación. Este municipio también aparece entre los de mayor riesgo de deforestación según el reglamento europeo contra la deforestación, con un puntaje de 88.8 sobre 100.
¿Qué explica esta pérdida?
El corredor Pacífico colombiano combina varios factores de presión. La minería ilegal de oro, la expansión de cultivos ilícitos, la tala selectiva para madera y la apertura de tierras para ganadería actúan simultáneamente sobre bosques que albergan algunas de las mayores densidades de carbono del país. La vertiente pacífica de Risaralda, representada por municipios como Mistrató y Pueblo Rico, ha perdido más de 74 toneladas de carbono por hectárea en los últimos 20 años, según la auditoría de impacto histórico.
El contraste con la Amazonia
Mientras el Pacífico pierde, algunos departamentos amazónicos ganan. Guaviare acumula carbono en 106 de sus 122 veredas, con una ganancia promedio de 2.47 toneladas por hectárea al año. Vaupés gana 1.17 toneladas y Amazonas 1.15. Este contraste desafía la narrativa convencional que ubica a la Amazonia como el epicentro de la crisis forestal colombiana.
La cuenta regresiva regulatoria
El reglamento europeo contra la deforestación añade urgencia al problema. Colombia tiene 1 687 veredas que no cumplen con los criterios de ese reglamento, que exige demostrar que los productos exportados a la Unión Europea no provienen de tierras deforestadas después del 31 de diciembre de 2020. Chocó concentra 537 de esas veredas no conformes, el mayor número absoluto del país.
Para los exportadores de madera, cacao y productos agrícolas del Pacífico, la degradación forestal no es solo un problema ambiental: es un riesgo comercial concreto que puede cerrar mercados europeos en los próximos meses.
Lo que viene
Los datos de julio marcan el segundo mes consecutivo de aceleración en la degradación de Chocó. Si la tasa de pérdida supera las 3.0 toneladas de carbono por hectárea al año, se cruzaría un umbral que no tiene precedentes en los registros nacionales. El monitoreo de agosto será decisivo para determinar si se trata de una tendencia consolidada o de una fluctuación estacional.
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